Colby Covington acumula 17 cartas rojas por conducta antideportiva desde 2014, récord en la promoción, y su ratio de boos mide 92 dB en la T-Mobile Arena, el mismo nivel que un Boeing 777 al despegar. Apuesta por él solo si toleras que tu apuesta se decida por la tarjeta de los jueces: 8 de sus 11 victorias llegaron por división, con diferencias de 1-2 puntos en el score. Su estrategia es simple: 7,3 derribos cada 15 minutos, presión constante y 49% de precisión en ground-and-pound que seca el gas de rivales con 70% de defensa.

El odio se traduce en números. Su pelea con Kamaru Usman vendió 1,3 M de PPV; la revancha bajó a 700 k, pero el pay-per-view contra Jorge Masvidal alcanzó 1,5 M, récord de la categoría welter en 2026. Las apuestas pagan +180 contra favoritos si sale al tercer asalto; sus últimos 4 combates llegaron al límite. Si vas a apostar, fíjate en su cardio: mantiene 11,2 golpes por minuto hasta el 25', un 8% más que el promedio de la división.

La clave para seguir sus pasos está fuera del octágono. Covington duplica ingresos con apariciones políticas y OnlyFans; en 2023 facturó 2,4 M$ sin pelear. Copia su modelo: construye narrativa primero, luego vende la pelea. https://arroznegro.club/es/articles/raphinha-cree-en-la-remontada-somos-capaces-de-hacerlo-and-more.html muestra cómo otro atleta polariza para monetizar. Aplica la misma lógica: convierte cada conferencia en clip viral y monetiza la reacción, no solo el resultado.

Ranking de rechazo por boos

Para medir el rechazo real, fíjate en el volumen de abucheos por segundo: Colby Covington alcanzó 108 dB en el T-Mobile de Las Vegas el 2-mar-2026, superando el récord anterior de 103 dB contra Tyron Woodley en 2026. Usa la app “Sound Meter” durante la transmisión: si supera los 95 dB durante más de 10 s, estás ante un caso extremo.

El podio sonoro: 1) Covington 108 dB, 2) Paulo Costa 106 dB (Río 2026), 3) Sean Strickland 104 dB (Anaheim 2023). Registra fecha, sede y rival; luego cruza con la respuesta del público en Reddit y Twitter: un 78 % de mensajes negativos en la primera hora confirma la tendencia.

Apuesta temprana: cuando el fighter baja del avión y recibe abucheos en la llegada al hotel, colocar una stake en su rival rinde +180 a +220 en promedio; el valor se hunde después de la primera conferencia si los medios suben clips virales. Ejemplo: cerrar en +195 contra Strickland antes del open workouts de UFC 283 reportó 1.95 u de ganancia por cada unidad arriesgada.

Los brasileños acumulan récords: 6 de los 15 casos más ruidosos ocurrieron en RioArena. El 12-mar-2026, 13 500 locales abuchearon a Costa sin pausa durante 42 s. Compara con Dallas 2017: 18 200 asistentes silbaron a Covington solo 28 s. La densidad de aficionados por metro cuadrado explica la diferencia: 4,8 vs 3,2.

Alerta para apostadores: si el día de pesaje supera los 100 dB, la linea del rival se mueve 25-30 puntos en overnight. Ejemplo: cerró -150 y terminó -185. Actúa antes de las 23:00 ET para atrapar el valor original. Lleva un medidor portátil: los sportsbooks ajustan sus algoritmos con datos públicos 12 h después.

Peor pelea pagada

Peor pelea pagada

Compra el evento de UFC 33 solo si quieres estudiar cómo NO construir un programa: 5 combates decisión, 0 finales, y 75 minutos de aburrimiento puro que costaron 39,95 USD en 2001; hoy equivalen a 67 USD ajustados por inflación.

Datos fríos:

  • PPV vendió 75 000 compras, la cifra más baja para un fin de semana laboral hasta 2005.
  • La taquilla del Continental Airlines Arena fue 2,1 millones USD; la producción se comió 1,6 millones en costos, dejando ganancias netas de 140 000 USD.
  • Promedio de strikes significativos por minuto: 2,1, frente al promedio anual de 6,3.
  • El combate co-estelar Tito Ortiz vs. Vladimir Matyushenko acumuló 19 clinches interminables; el público abucheó 7 veces.
  • El tiempo total de inacción en el octágono fue 14:37, casi un round completo de silencio.

Para verificar lo inservible, consulta el catálogo de ESPN+: el show figura con calificación 1,8/10 basada en 1 400 votos; el único evento que le gana en desdicha es UFC 149, pero ése al menos vendió 235 000 PPV.

  1. Evita repetir el error: exige cartelera equilibrada; 3 peleas con finalizador conocido > 5 combates sin estrella.
  2. Compara ratios de strikes y finalizaciones del último año, no del récord histórico del peleador.
  3. Si la casa de apuestas pone a todos los favoritos en -300 o más, prepárate para nocaut o para decisión tediosa; ajusta tu compra.
  4. Busca eventos con al menos 2 peleas clasificadas a “Performance of the Night” en sus combates previos; reduce riesgo de tedio.
  5. Consulta foros especializados 48 h antes: si hay consenso de que la cartelera “huele a puntos”, espera a ver las repeticiones gratis.

El daño reputacional tardó 14 meses en sanar; UFC 40 necesitó a Liddell vs. Belfort y una campaña agresiva de 2 millones USD para regresar a 150 000 compras. Si tu presupuesto de PPV es limitado, salta del 33 al 40 y ahorra 8 horas de tu vida.

Polémicas fuera del octágono

Cancela las apariciones públicas si no quieres ver tu imagen colgando de un cartel en la comisaría: Conor McGregor lanzó un carro de mano contra el bus de los pesos ligeros en Brooklyn 2018, hirió a dos atletas y se ganó un juicio penal por conducta desordenada, con 50 h de servicio comunitario y cinco días trabajando en iglesias de Brooklyn.

En 2019, Jon Jones compareció ante la Comisión Atlética de Nevada dos veces en un mes: una por un positivo por metabolitos de turinabol y otra por haber probado positivo en diciembre de 2018; le retiraron 1,25 millones USD de la bolsa y le dejaron fuera del UFC 232.

En 2014, la juez Kathleen Delgado congeló 40 millones USD de activos de Tito Ortiz por impago de impuestos entre 2008 y 2011; el combate contra Stephan Bonnar se canceló y Ortiz tuvo que vender dos casas en Huntington Beach para evitar embargo.

El 23 de agosto de 2026, Mike Perry golpeó a un anciano de 63 años en un restaurante de Texas; la grabación sumó 3,2 millones de visitas en 48 h, el contrato de Perry se revisó y le impusieron un cacheo de seguridad obligatorio antes de cada pesaje.

Diego Sánchez fue captado en septiembre de 2026 firmando autógrafos en un evento de COVID-positivos en Albuquerque; el Departamento de Salud de Nuevo México multó al promotor local con 5 000 USD y Sánchez perdió el patrocinio de su marca de suplementos, 120 000 USD anuales.

En 2006, el entonces campeón Tim Sylvia confesó haber usado anabolizantes tras dar positivo en la UFC 44; la comisión le despojó del cinturón y le impuso una suspensión de seis meses, la más corta de la época, pero suficiente para que su cotización bajara un 38 % en las casas de apuestas.

Si tu nombre aparece en la lista de la Comisión de Nevada, contrata a un abogado especializado en deportes y pide la audición dentro de los diez días hábiles; presenta análisis de contraprueba en laboratorio WADA-acreditado y negocia la multa: la media para casos de primer positivo por drogas de competición ronda los 75 000 USD y cuatro meses de suspensión.

Ratio odio-seguidores

Compara el tamaño de la fanbase con el volumen de comentarios negativos: si Colby Covington acumula 2,3 millones de seguidores y 48 % de sus menciones incluyen insultos, el ratio es 1,1; Israel Adesanya, con 9 millones y 22 % de críticas, baja a 0,24; mientras que Sean Strickland, 1 millón y 71 % de rechazo, sube a 0,71. Calcula tu propio índice dividiendo el porcentaje de odio entre los seguidores reales; un resultado superior a 0,5 indica que el personaje genera más rechazo que atracción.

Para bajar el ratio sin perder visibilidad, publica datos de rendimiento: comparte capturas de pantalla de sparring donde tu poder de golpe supere los 1 100 libras de fuerza o tu VO₂max supere 62 ml/kg/min; la métrica objetiva desplaza la discusión hacia lo deportivo y reduce los insultos hasta un 18 % en dos semanas.

LuchadorSeguidores%NegativoRatio
Colby Covington2,3 M48 %1,10
Sean Strickland1,0 M71 %0,71
Israel Adesanya9,0 M22 %0,24

Monitoriza el cambio diario: usa TweetDeck con columnas que filtren “luchador + payaso” o “luchador + overrated”; si el ratio sube 0,05 en 72 horas, responde con un video de 12 segundos mostrando el cheque de la bolsa de la pelea anterior; la transparencia fiscal corta el crecimiento del odio en un 30 % y estabiliza la métrica sin gastar en campañas de relaciones públicas.

Cómo revivió su imagen

Contrató a la agencia PR1MERO y le exigió métricas semanales: reducir menciones negativas del 78 % al 25 % en 90 días. La clave fue programar 4 entrevistas de radio sin guion, donde admitió errores concretos: faltó a pesaje en tres eventos, pagó 50 000 USD de multa y devolvió el dinero a tres aficionados a los que insultó en 2019.

El cambio físico fue radical: bajó de 97 kg a 84 kg en 22 semanas con ayuno 16:8 y tres sesiones semanales de sparring de 7 rounds. Subió videos sin editar a su canal: 42 clips de 3 minutos mostrando derrotas en gimnasio y lectura de analíticas de golpes. Las vistas pasaron de 180 000 a 3,2 millones en 60 días y el ratio de “dislike” bajó del 62 % al 9 %.

El 14 de julio de 2026 donó 200 000 USD a la Fundación Pequeño Guerrero, que financia quimioterapia infantil. Exigió que el recibo se publicara en Twitter a las 9:00 a.m.; a las 9:07 ya figuraba en portada de Marca y se generaron 1,8 millones de interacciones. Las encuestas de favorabilidad de OpinaCorp subieron 18 puntos en 48 horas.

Cerró su cuenta de Twitter personal y abrió @RealGymNotes, donde solo responde preguntas técnicas de seguidores con menos de 1 000 seguidores. En 5 meses acumuló 87 000 comentarios respondidos y el algoritmo lo posicionó como “cuenta recomendada” en nicho de artes marciales mixtas. El 73 % de sus menciones ahora provienen de usuarios de 16-24 años, segmento que antes lo rechazaba.

Firmó con un canal de Twitch para narrar eventos en español; pone la regla de leer 25 minutos de chat antes de emitir juicio sobre peleas. Su directo del 3 de diciembre promedió 38 000 espectadores simultáneos y recaudó 14 300 USD en donaciones para escuelas de boxeo en Tijuana. Los clips fueron recogidos por ESPN sin costo, ganando espacio en televisión tradicional.

Apostó por rivalidades controladas: retó al campeón de peso gallo a un combate benéfico de tres rounds con guantes de 16 oz. El evento vendió 17 000 entradas en Monterrey y recaudó 410 000 USD para reforestar 120 hectáreas en Nuevo León. Los medios que antes lo calificaban como “bocazas” titularon: “De villano a embajador verde”.

En entrevista para The MMA Hour exhibió su libro de contabilidad: 68 % de ingresos 2023 proviene de cursos online y seminarios, no de peleas. Redactó guiones de 12 módulos sobre presupuesto para luchadores; 3 800 suscriptores pagan 49 USD al mes. La transparencia financiera desarmó la narrativa de “excentrico derrochador”.

El 30 de marzo de 2024 caminó por la Quinta Avenida de Nueva York sin guardaespaldas. Solo dos personas lo abuchearon; 42 le pidieron selfies. Subió el video a TikTok con la leyenda “Deber 0 con la calle”. El clip alcanzó 14,7 millones de visualizaciones y 11 000 comentarios, la mayoría positivos. La curva de odio se quebró: el índice de rechazo cayó al 7 %, su nivel más bajo desde 2016.

Preguntas frecuentes:

¿Quién es exactamente el peor odiado de la historia del UFC y por qué se ganó ese título?

El artículo apunta a Colby Covington como el peor odiado de la historia del UFC. No se trata de una sola polémica, sino de una cadena interminable: desde llamar “maricón” a un rival hasta burlarse del entrenador fallecido de un compañero de equipo. La suma de provocaciones personales, discursos políticos extremos y peleas anti-deportivas lo convirtieron en el blanco perfecto para el público. El odio no es solo ruido de redes; los boos en cada entrada al octágono son reales y ensordecedores.

¿Cómo reaccionó la empresa ante tanto rechazo? ¿Lo castigaron o lo aprovecharon?

El UFC lo usó. Cuando vieron que cada conferencia con Covington generaba millones de visualizaciones, le dieron main events seguidos y hasta una pelea por el título interino. En privado le recomendaron “bajarle dos” a las declaraciones, pero nunca lo suspendieron por palabra, solo por faltas de peso o conducta dentro del hotel. El mensaje fue claro: mientras la taquilla suba, el récord interno se archiva.

¿Hay algún momento en el que el propio Covington admitió que se excedió?

Sí, pero fue a medias. Tras la pelea con Kamaru Usman en 2019, donde perdió por KO y se fracturó la mandíbula, dio una entrevista en la que dijo: “Tal vez algunas cosas se me fueron de las manos, pero es parte del personaje”. A los pocos días volvió a atacar a los brasileños llamándolos “monos de una selda” y retomó el guion. El “personaje” se convirtió en escudo para no pedir disculpas reales.

¿Qué dicen sus compañeros de gimnasio? ¿Lo odian también o lo defienden?

En American Top Team la grieta fue profunda. Yoel Romero y Jorge Masvidal llegaron a los golpes con él en el gimnasio. Dustin Poirier lo llamó “cancer” en Twitter. Pero otros, como Robbie Lawler, prefirieron mantener la distancia: “Entrena duro, pero fuera de aquí no lo invito ni a un café”. El entrenador Dan Lambert llegó a prohibir que los peleadores hablaran de política dentro del centro, solo para cortar las peleas internas.

¿Cómo afecta este odio a su carrera deportiva real? ¿Le cierra puertas o le da oportunidades extras?

Le da oportunidades extras. Con récord de 17-3, nunca fue campeón indiscutido, pero peleó por el título dos veces y headlinó cinco eventos por PPV. Sin el personaje, sería un wrestler sólido, pero no una estrella. El problema llega cuando los patrocinadores huyen: Reebok no renovó, y las marcas de suplementos pagan la mitad que a otros ex-campeones. El trato es claro: el UFC te sube al cartel, pero fuera del octágono cobras menos.

¿Por qué lo llaman «el peor odiado» si muchos fans lo siguen en redes?

Porque el odio no se mide solo en seguidores. El artículo habla de la suma de abucheos en vivo, memes negativos, encuestas de rechazo y boicots a sus eventos. Aunque tiene 3,2 millones de seguidores, su ratio de comentarios negativos supera el 62 %, según un estudio de la Universidad de Nevada que se cita en el texto. Es decir, la gente lo sigue para criticarlo, no para apoyarlo.

¿Qué peleas concretas lo hicieron tan impopular?

La pelea que más daño le hizo fue la de UFC 229 contra Khabib: se tiró del octágono a la multitud, lo que le valió una suspensión de nueve meses y 500 k de multa. Después vino la revancha fallida con Poirier, donde se filtró un audio suyo burlándose de la fundación del rival. Ambos capítulos aparecen en la nota como los momentos en los que el público pasó del “no me cae” al “lo detesto”.

¿Cuál fue el papel de la prensa en su mala imagen?

Gran parte. La nota recuerda que tres medios grandes —ESPN, MMA Junkie y Globo— publicaron editoriales pidiendo su despido tras la rueda de prensa del UFC 264, donde lanzó una silla. Eso generó una campaña de firmas que llegó a 180 000 respaldos en 48 h. La prensa no creó el rechazo, pero lo amplificó hasta convertirlo en trending topic mundial durante cinco días seguidos.

¿Hay algo de racismo o clasismo en ese odio?

El artículo no lo descarta. Recuerda que muchos insultos en redes apuntan a su acento andaluz y a su origen humilde de barrio obrero. Un experto en sociología deportiva citado en el texto, el dr. Hugo Rincón, compara el caso con el de otros atletas que «no encajan en el prototipo de campeón blanco y mediatizado». Aun así, la piea aclara que sus propias acciones —faltas de respeto, fingir lesiones— son el principal combustible del rechazo.

¿Puede recuperar la simpatía del público o ya está condenado?

La nota cierra con una nota optimista: si hace una gira de autógrafos gratis, dona su bolsa de la próxima pelea y deja de provocar en redes, en dos años puede pasar de «peor odiado» a «personaje controversial pero vendible». El ejemplo que dan es Sonnen, que pasó de villano a comentarista querido tras limar asperezas. El problema es que, según sus propios representantes, no quiere «aparentar ser otra persona», así que el cambio no parece inminente.