Si quieres ganar en la élite actual, dispara cinco triples más que tu rival: esa es la brecha media entre quienes pasan ronda y quienes reservan vacaciones. El acierto desde la esquina ya pesa lo mismo que un rebote ofensivo; un día sin puntería fuera del arco equivale a entregar 15 puntos de regalo.
Antes, el dominio interior sellaba campeonatos; ahora un base de 1,85 m puede decidirlo con tres gestos secos. La consigna llegó desde las universidades estadounidenses, viajó a Europa y se instaló en la ACB y la Liga Endesa: si tu ala-pívot no tira con fluidez desde la distancia, su contraparte sí lo hará y te colgará 20 puntos antes del descanso.
El cambio de chip trastoca estadísticas que parecían inamovibles: equipos que antes celebraban 20 triples por partido hoy ven normal superar los 35. Entrenadores diseñan cinco bloqueos seguidos para librar a un tirador 0,8 segundos; analistas cuantifican el valor de cada centímetro de espacio como si fuera oro. El aro sigue a 3,05 m, pero la batalla se libra a 6,75 m y, cada vez, más allá.
Orígenes del Tiro de Tres Puntos
Añade la línea de 6,25 m en tu pista de entrenamiento y exige que cada lanzamiento tras ella valga tres canastas; ese fue el experimento que el ABL estadounidense adoptó en 1961 para descongestionar la zona.
La idea germinó en el mentón de Howard Hobson tras ver partidos aburridos dominados por pivots; su conferencia en 1945 ya preconizaba recompensar la puntería lejana.
La NCAA ignoró la propuesta dos décadas, hasta que la Western Basketball Conference probó la distancia en 1980; el éxito de televisión aceleró su aceptación nacional.
La FIBA, temiendo desequilibrio, lo aprobó en 1984 para el Campeonato Mundial de Málaga; la medida viajó a Los Ángeles 1984 y desde ahí ya no se retiró del planeta.
Cuando la NBA lo estrenó en 1979, Chris Ford anotó el primero; en apenas una generación, el gesto pasó de curiosidad a arma imprescindible que decide campeonatos.
Contexto Histórico del Triple
Instaura desde hoy un ejercicio sencillo: repasa vídeos de la ACB de 1987 y fíjate en cuántos lanzamientos de 6,75 m aparecen; ninguno, porque la línea aún no existía.
La FIBA la trazó en 1984 para el Mundial de Málaga, siguiendo la idea de la NBA que, dos años antes, había copiado la iniciativa de la desaparecida liga estadounidense ABA. El objetivo era claro: ampliar espacios, castigar las defensas cerradas y sumar espectáculo. Al principio, los entrenadores europeos la consideraron un artificio; muchos clubes ni siquiera entrenaban la distancia, y los bases solían pararse sobre la línea de banda para evitar el tiro exterior.
España tardó varias campañas en adaptarse: entre 1988 y 1992, el estadístico oficial recogió apenas 2,3 aciertos de tres puntos por partido. La selección nacional, con un juego todavía centrado en los pívots, se vio superada por Italia o Yugoslavia, que ya usaban esa fórmula como recurso habitual. El cambio llegó cuando los preparadores físicos incluyeron rutinas específicas de resistencia de muñeca y tobillo, y los clubs contrataron anotadores norteamericanos que habían crecido disparando desde más allá del semicírculo.
La cifra se disparó: en la temporada 1995-96 la Liga Endesa promedió 6,8 canastas de 3 puntos por encuentro; en 2005-06 ya rozaba las 16. El perfil del alero mutó: de especialista defensivo pasó a ser un jugador de 2,05 m capaz de lanzar en velocidad tras bloqueo indirecto. Fabricantes de calzado insertaron placas de carbono en la suela para ganar estabilidad lateral; los balones redujeron el relieve de sus costuras y mejoraron el agarre de piel sintética, facilitando la rotación perfecta que exige el tiro lejano.
La distancia fija, 6,75 m en los arcos de esquina, se ha convertido en el baremo que separa al escolta moderno del clásico. Quienes dominan ese espacio marcan el ritmo; quienes ignoran la línea, quedan fuera de la rotación. El triple ya no es un recurso, sino el termómetro con el que se mide la validez de cualquier proyecto ofensivo.
Primeros Pasos en la NBA

Si quieres entender cómo nació la fiebre del tiro exterior en la mejor liga, estudia la temporada 1979-80: la llegada de la línea de 6,75 m coincidió con el rookie Larry Bird y su mecánica fulgurante; allí se gestó el primer gran salto cuantitativo, de 3,1 tentativas por partido a 6,6 en solo un año.
Danny Ainge, Dale Ellis, Craig Hodges y Larry mismo aceleraron el ritmo. En 1987-88 Boston lanzó 1 075 veces desde lejos, récord que se mantuvo diez años. Los entrenadores aún gritaban “¡no!” cuando alguien se aventuraba, pero los datos ya cantaban: cada intento valía 1,08 puntos de media, más que cualquier salto cercano mal contorneado.
Los Spurs 2002-03 abrieron oerta grieta: 2 085 tiros, 37,6 % de acierto. Bruce Bowen, desde la esquina, convirtió el perímetro en extensión del poste bajo para Tim Duncan. Cuatro campañas después, Phoenix de Mike D’Antoni partió de 24,7 intentos y subió a 32,1; Steve Nash repetía MVP y el rival ya no podía ayudar sin pagar triple. La puerta estaba abierta de par en par.
Adopción en Diferentes Ligas
Observa la NBA 2014-15: Golden State lanzó 27,0 tiros de larga distancia por noche; cinco campañas después, Milwaukee ya promediaba 38,4. Si tu club no supera las 30 tentativas desde la línea de 6,75 m, copia a Sacramento 2018: despide al entrenador que prioriza el poste, fichas a un preparador físico que suba ritmo (99-103 posesiones) y firma un base capaz de crear ventajas tras bloqueos en cortina.
Europa tardó dos cursos en reaccionar. Euroliga 2016-17: 21,3 triples por partido; 2021-22: 29,8. El salto llegó cuando Baskonia y Zenit pagaron fichajes de anotadores tipo Janning y Ponitka. ACB 2020: todos menos dos equipos bajan de 30%; 2023: el mismo par permanece abajo, mientras Baskonis (37%) y Barça (36%) lideran.
- Liga Endesa: 34 intentos, 35%.
- Lega Serie A: 31 intentos, 34%.
- Bundesliga: 29 intentos, 36%.
- LNB Pro A: 28 intentos, 33%.
- Lietuvos krepšinio lyga: 26 intentos, 39%.
Influencia en Europa y Asia
Observa la ACB y la B.League: copia el esquema de 4-out con ala-pívot que dispara desde la esquina; tus bases crecerán viendo 10-15 tiros de larga distancia por encuentro y el perfil de estiramiento atlético se volverá estándar en categorías inferiores.
En Lituania, el club Zalgiris Kaunas convirtió el tiro exterior en seña de identidad: 42 % de sus puntos llegaron desde más allá de 6,75 m en 2022-23, duplicando la cifra de 2010. Misma tendencia en Turquía: Efes Estambul fichó a especialistas de fuera del arco, subió el ritmo a 105 posesiones por choque y ganó dos títulos seguidos. Asia responde con inversión: Japón multiplicó por cuatro los campus de verano para menores de 16 años enfocados en mecánica de muñeca y tiro tras bloqueo; China insertó en la CBA rondas extra de práctica obligatoria de 100 disparos desde la esquina y la parte superior del perímetro. Resultado: en el último Mundial, los asiáticos promediaron 12,8 bombas anotadas, récord histórico para la zona.
Datos comparativos de ligas domésticas 2021-22:
| Liga | Tiros largos anotados/partido | Porcentaje |
|---|---|---|
| ACB (España) | 10,7 | 36,4 % |
| B.League (Japón) | 9,9 | 34,8 % |
| VTB (Rusia) | 9,3 | 35,1 % |
| CBA (China) | 11,4 | 33,7 % |
El impacto se nota en ventas: las marcas europeas firmaron contratos por 320 millones € en calzado ligero con suela de tracción para recorrer 25 m de perímetro en menos de tres segundos; los patrocinadores asiáticos duplicaron la fabricación de balones de composite para exteriores húmedos. El fútbol-base europeo y los programas escolares asiáticos ya priorizan alas de 2,05 m que combinan tapa-faja y lanzamiento de 0,4 s; el perfil clásico de pívot sin disparo queda relegado a roles secundarios. En resumen, entrena el tiro desde la adolescencia, estudia la producción lituana y turca, y copia la disciplina japonesa de 500 repeticiones diarias; tu equipo subirá 8-10 puntos de valoración ofensiva en una sola temporada.
Impacto en Ligas Universitarias
Incrementa el volumen de tiros desde 6,75 m: los cuerpos técnicos que exigen 25 lanzamientos por entrenamiento a cada jugador en puestos 1-3 suben el rating ofensivo del equipo en 0,14 puntos por posesión y convierten a los aleros en amenazas de 40 % desde la esquina; los campus con menos de 15 tiros diarios pierden 3,2 partidos adicionales en la temporada regular.
Las universidades redistribuyen becas:
- los pívots clásicos ven cómo se les reduce la ayuda económica un 18 %
- los escoltas con 38 % o más de acierto desde la línea reciben 4 200 € extra anuales
- los análisis de tracking obligan a los entrenadores a alinear cinco exteriores simultáneos en 32 % de los minutos
- las estadísticas de valoración porcentual muestran que los equipos con al menos tres tiradores superiores al 36 % ganan el 71 % de los cruces de conferencia
Transformación del Estilo de Juego

Amplía el espacio con aleros de 2,05 m que disparan desde la mitad de la cancha; así obligas al pivote rival a salir y dejas la zona despejada para cortes traseros.
Los entrenadores españoles han sustituido el pick-and-roll clásico por un "flare" seguido de un "re-screen": el base regresa al balón, el ala se desmarca al córner y el pívot, ya en el perímetro, genera un 4-1 imposible de tapar sin ayudas. Con este esquema, el Barça pasó de 19,2 triples intentados por partido en la temporada 11-12 a 34,7 en la 22-23, elevando el valor de cada posesión de 0,97 a 1,13 puntos.
La clave no es volumen, es velocidad: anota en los primeros 6 s de posesión, antes de que la defensa pueda equilibrar. Para ello se entrena con cronómetro: el equipo debe llegar a lanzamiento abierto en 4,5 s desde el rebote; si falla, repite; si lo consigue, el rival corre. El resultado: más de 30 % de los puntos llegan desde 6,75 m y la mitad de esos lanzamientos son abiertos por ritmo, no por jugada dibujada.
Preguntas frecuentes:
¿Por qué los triples de los 80 eran considerados casi un lujo y hoy se lanzan 30 por partido?
En los 80 la línea de tres estaba recién creada y muchos entrenadores la veían como un recurso de emergencia: entrenaban muy poco tiros lejanos y los defensores no salían más allá de la zona. Además, un fallo desde fuera equivalía a un pase perdido; por eso sólo los especialistas como Larry Bird o Dale Ellis se atrevían. Ahora los entrenamientos incluyen entre 300 y 400 triples diarios por jugador, los analistas miden su valor esperado (1,1-1,3 puntos por intento) y los bloqueos se diseñan expresamente para generar ese tiro; el resultado es que lanzar 30 triples por noche pasa a ser la norma y no la excepción.
¿Cómo cambió la defensa para no morir bajo la lluvia de triples?
Primero llegó el cambio defensivo: los pívots aprendieron a salir 7-8 m del aro y a cerrar espacios sin dejar pasar la línea de pase. Luego nació el concepto de “help-side tag”: el defensor débil deja a su hombre y roba segundos al tirador sin perder de vista el rebote. Por último, los entrenadores popularizaron el “drop high” y el “hedge & recover”: el bloqueador retardado obliga al base a dar una vuelta extra y el compañero regresa a su hombre; con esos ajustes el porcentaje de triples abierto bajó del 39 % al 31 % en la última década.
¿Qué jugador marcó el punto de inflexión para que el triple pasara de extra a imprescindible?
Muchos citan a Stephen Curry, pero el salto cualitativo ya había empezado con Ray Allen y Peja Stojaković. Curry subió el volumen a otra dimensión: en 2015-16 lanzó 11,2 triples por partido y metió el 45 %. Eso obligó a las defensas a cubrirlo desde la mitad del campo; el piso se agrandó y los compañeros encontraron canastas fáciles. Una vez que los niños vieron que un tipo de 1,91 m podía ser MVP tirando desde el logo, las academias reescribieron sus programas: antes se buscaba un base con buen pase, ahora también tiene que meter 6-7 triples en un entrenamiento para llamar la atención.
¿Cómo se entrena hoy un tirador de élite comparado con hace 20 años?
Antes eran 150 tiros estáticos después de la práctica; hoy son 400 tiros que incluyen sprint, parada, tiro en 1,2 s y repetición con pulsómetro al 90 %. Usan gafas de estroboscópicas que parpadean para entrenar el seguimiento visual, sensores en la muñeca que miden el ángulo de salida (ideal 45-50°) y plataformas de fuerza que avisan si el impulso vertical baja más del 8 %. Se estudia la filmación con 240 fps para ver si la pelota sale a 0,4-0,6 Hz de giro y se simula fatiga con bicicleta de 30 s a 500 W antes de la tanda final. El resultado: jugadores como Duncan Robinson mejoran de un 33 % a un 42 % en dos veranos.
¿Dónde se está yendo demasiado lejos con la obsesión por el triple?
En muchos equipos juveniles los pívots de 15 años ya no practican ganchos: solo hacen catch & shoot desde el córner. Eso reduce su juego de espaldas y, cuando suben a categorías mayores, no saben leer el bloqueo directo ni pasar desde el poste. El baloncesto gana espacio pero pierde variedad: los rebotes ofensivos bajaron del 33 % al 22 % porque los aleros corren atrás para proteger el contraataque. Algunos entrenadores, como Chris Finch en Minnesota, ya limitan los triples a 35 por partido y mandan a los interiores a jugar al poste dos o tres posesiones seguidas para recuperar equilibrio.
¿Por qué los triples de Curry, Allen o Nowitzki marcaron un salto distinto si ya había buenos tiradores antes del 2000?
Antes del nuevo milenio los equipos veían la línea de 6,75 m como recurso puntual: un tirador abierto recibía después de dos o tres pases, el balón volvía al poste y la defensa podía ocultar al especialista. Lo que cambió con Ray Allen en Milwaukee (1998-2003) y con Peja Stojaković en Sacramento fue la cantidad de acciones diseñadas para ellos: dobles bloques continuos, «elevators», «stagger» desde ambos lados; además, los Sonics de Allen ya jugaban con un ala-pívot espaciado (Radmanović) y un base que no necesitaba bote (Drobnjak ponía el bloque directo). El siguiente escalón fue Dallas 2011: Carlisle coloca a cuatro anotadores alrededor de Nowitzki; el alemán obliga a un pívot rival a salir y, cuando llega la ayuda, el pase va al córner para Terry o Kidd. Por primera vez un equipo campeón lanzó casi 30 triples por partido en playoffs. Curry, después, añadió tiro fuera del dribbling a 7-8 m y volumen masivo: 11 triples intentados por partido en 2015-16. La defensa ya no podía esconder al tirador: el mismo base crea el tiro, lo ejecuta y lo hace a una distancia que obliga a salir al pívot rival, abriendo el aro para el pase de rueda. Esa combinación de frecuencia, distancia y autocreación hizo que el triple pasara de recurso a columna de los sistemas actuales.
