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El día que el genio Lucescu hizo callar a una traductora

Nacido el 29 de julio de 1945 en una Bucarest que había tratado de mantenerse lo más alejada posible de la influencia nazi en la Segunda Guerra Mundial, Mircea Lucescu era más que un simple entrenador de fútbol. Era extremadamente culto, estudió el fútbol de manera enfermiza y se ganó el respeto del planeta entero.

A poco más de tres meses de cumplir 81 años, el rumano siempre podrá decir que murió con las botas puestas. 'Il Luce' (La Luz). El 2 de abril dimitió como seleccionador rumano tras no lograr la clasificación para el Mundial y al día siguiente fue hospitalizado por una "emergencia cardíaca".

Pese a que en un primer momento lo consiguieron estabilizar, una serie de arritmias agravó su situación hasta tal punto que fue trasladado a la UCI del Hospital Universitario de Bucarest. Esta institución médica anunció el pasado martes el fallecimiento de un auténtico icono del balompié, el tercer entrenador con más títulos (34), tan solo por detrás de Alex Ferguson (48) y de Pep Guardiola (40).

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Oraciones y velas por Lucescu en en Arena Nationala de Bucarest
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Tras jugar durante dos décadas a gran nivel en Rumanía con nueve goles en sus 64 internacionalidades, inició en 1979 en el Corvinul Hunedoara una historia en los banquillos que ha durado 47 años. Después dirigió al Dinamo Bucuresti, al Pisa, al Brescia, a la Reggiana, al Rapid Bucarest (dos etapas), al Inter, al Galatasaray, al Besiktas, al Shakhtar Donetsk, al Zenit, al Dinamo Kiev, a Rumanía en dos etapas y a Turquía.

En estos 65 años de relación con el balompié, Lucescu ha dejado un sinfín de anécdotas por su carácter intenso, batallador y, al mismo tiempo, entrañable y con un tono paternal y pedagógico con sus jugadores. Una de las mejores anécdotas data de la eliminatoria de cuartos entre el Shakhtar y el Barça en la Champions 2010-11.

Con el exazulgrana Dmytro Chygrynskyi en las gradas del Camp Nou por lesión, el entonces prorruso equipo del Donbass (en su estadio no se hablaba apenas ucraniano) perdió por 5-1 y lo tenía crudo en la vuelta, con varios problemas defensivos. En la rueda de prensa previa al partido, Lucescu exhibió su cultura y su talento.

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Mircea Lucescu deja tras de sí un legado extraordinario
EFE
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Al ser preguntado sobre cómo solventaría los problemas atrás, el rumano contestó que trataría de buscar alternativas, quizá alterando el número de defensas. La traductora vino a decir que no tenía opciones y que ya estaba pensando en el siguiente partido.

Ahí Mircea Lucescu hizo un comentario que no se entendió, pero la segunda actuación de la traductora en lengua rusa fue aún más lamentable. El técnico del Shakhtar se incorporó y dijo que la traducción no tenía nada que ver con lo que él acababa de decir. "Ya lo hago yo, no se preocupe, yo me traduciré. Puede levantarse o quedarse, pero traduzco yo".

Ahí exhibió sus dotes con el ruso, el inglés, el rumano y el castellano. Además, también dominaba el italiano, el portugués, el turco y llegó a hacer sus pinitos con el ucraniano. Ni corto ni perezoso, fue contestando en rumano y haciendo tres traducciones. Con educación y con modestia. Lo dicho, se ha ido un genio.

Fuente original: www.sport.es →