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Carriço, exjugador del Sevilla FC: "Mi hijo juega hoy en el Estoril, donde metimos a más de cuatro mil sevillistas"

Daniel Carriço habla igual que jugaba. Sin adornos. Directo. No necesita elevar la voz para transmitir convicción. Tampoco cuando recuerda el Sevilla, un vestuario que todavía siente muy cerca: "El otro día, un amigo me dijo que había visto cerca de mi casa, en Cascais, a Kono, y que teníamos que quedar con él. Yo no entendía nada. Me hablaba de Kono como si yo lo conociera de toda la vida.

Estuvimos un buen rato hablando de eso. Me comentó que había ido a jugar un partidillo con unos amigos y que el tal Kono le preguntó por mí. ¿Sabe a quién se refería? ¡A Konoplyanka! Yo pensé que era una broma. Le dije que se habría equivocado. Pero no, no. Era el de verdad. ¡Konoplyanka! ¡Un tío de Ucrania viviendo al lado de mi casa!".

Pregunta: ¿Lo ha llegado a ver?

Respuesta: Claro, claro. Varias veces. Fue muy gracioso. Está muy bien. Tiene dos niños. Me dijo que, incluso antes de la guerra, ya tenía pensado marcharse de Ucrania.

P: Tenía mucha calidad, ¿verdad?

R: Bastante. Era de esos jugadores que tienen un don especial. En el Sevilla había muchos. Banega hacía lo que quería. También Reyes. Aparecía cuando quería. Me acuerdo de cuando jugábamos los derbis, cómo los vivía y lo que suponía para nosotros. Todo era muy fácil para él; quizás por eso no se exigía. Cuando él quería, era distinto a todo.

P: ¿Y usted?

R: Yo siempre iba a mil. Lo necesitaba. Es mi forma de ser. Ir al cien por cien no me valía. Siempre creí, y sigo creyendo, que se puede dar un poco más. En el Sevilla dejé todo lo que tuve.

P: ¿Le ha afectado?

R: ¡Claro! Tengo dolores todos los días. Tengo problemas en un tobillo. Las rodillas están cada vez peor, pero ya no puedo hacer nada. Me he acostumbrado a vivir cada día con dolor. Yo soy el responsable. Eso es así. Podía haber dicho que no quería infiltraciones. Pero había que ayudar y ya está. Lo que hacemos nosotros, los jugadores, no es sano. Llevas tu cuerpo más que al límite. No me quejo. Me considero un afortunado por haber sacrificado mi cuerpo para ayudar al Sevilla. Recuerdo que el primer año, cuando ganamos la Europa League en Turín, jugué los dos últimos meses en unas condiciones durísimas. Me lesioné el tobillo en marzo. Pero ahí no podía parar. Esta lesión, al no recuperarme bien del tobillo, me provocó problemas musculares. Hubo un momento en que el tobillo ya no podía doblarse. Pero ganamos la Europa League y eso ya no nos lo quita nadie.

P: También ganó tres más después.

R: Sí. Pero la primera fue la más especial.

P: Hubo hasta un beso con Rakitic.

R: Yo me enteré cuando entramos al autobús. Estuvimos un tiempo celebrando el título y, al entrar, algunos compañeros empezaron a decir: "Mira lo que está saliendo aquí…". Vi la foto en el móvil y ni siquiera me reconocía. De verdad que, aún hoy, no sé en qué momento fue lo del beso. Al final quedó como una anécdota.

P: ¿Alguna más que se pueda contar de ese día?

R: Acabamos la fiesta a las siete de la mañana. Imagínese todo lo que pudo pasar. Todavía me parece escuchar las canciones que ponía Coke. Es el compañero más gracioso que he tenido. Siempre estaba alegre, siempre positivo. Todos los días ponía música nueva. Algunas veces aparecía con unas canciones muy raras, pero al final te acostumbrabas. Hasta los franceses acababan cantando las canciones, la de Raphael, la de Raffaella Carrà. Sin darnos cuenta, estábamos formando una familia. Hacer grupo es clave, ir todos a una. Siempre sentí al Sevilla así.

P: ¿Por qué se fue?

R: En un principio, cuando empezamos a negociar, me plantearon dos años de contrato, pero luego, cuando ya se acercó la Navidad, se habló solo de un año de renovación. Tuve que elegir y sinceramente la oferta de China era muy buena para mí. Me costó mucho porque me iba del club de mi vida, pero tomé la decisión.

P: ¿Llegó a aprender algo de chino?

R: Imposible. Lo intenté. Podías decir una palabra y, como cambiaras cualquier cosita en la pronunciación, ya no te entendían. Teníamos un compañero de Costa de Marfil que sí hablaba un poco. Tienes que quedarte muchos años para poder aprender algo. Este compañero creo que llevaba ocho años viviendo en China.

P: Mbia me comentó que sabía algo de chino.

R: ¿Mbia?

P: Sí.

R: Pues no sé (se queda callado). Nosotros coincidimos unos meses en el Wuhan. No recuerdo haberlo visto hablando chino (otro silencio). Mbia es muy gracioso también.

P: Hace poco estuvo en Sevilla.

R: ¿Cómo está?

P: Bien, bien.

R: Me alegro mucho.

P: ¿Y usted cómo está?

R: También estoy muy bien. Soy directivo de la Federación Portuguesa de Fútbol. Ahora mismo, entre fútbol, fútbol playa y fútbol sala, tenemos 30 selecciones. Me toca hacer viajes institucionales, casi siempre acompañando a la sub 21 y a otras categorías. Es muy bonito ver a los jóvenes disfrutar con su pasión.

P: ¿Juega su hijo al fútbol?

R: Pues sí. Juega en el Estoril, en la categoría sub 15. ¿Se acuerda de Estoril, donde metimos a más de cuatro mil sevillistas? Aquello fue increíble. Mi hijo era muy pequeño cuando pasó, y ahora, curiosamente, juega en el Estoril.

P: ¿De qué juega?

R: Juega en la banda. Diego es zurdo. Ya veremos... Lo importante es que estudie y que disfrute con el deporte. Es lo que le digo.

P: Conociéndole, me cuesta pensar que no le dé algún otro consejo más…

R: (Se ríe). También que se esfuerce, que dé todo lo que tiene. Tiene que haber compromiso. Hay compañeros contigo y hay que darlo todo también por ellos. Si no lo tienes claro, mejor juega al tenis. A mi hija, Catarina, que juega al vóley, también le digo lo mismo. En unos días cumplirá 12 años. Ella ya sabe que el esfuerzo es la clave. No se puede negociar. Si algo te gusta, sea lo que sea, disfrútalo y ve a por ello… de verdad. A mí me sigue pasando. Aunque esté con los dolores, cuando juego al pádel y entro en modo competitivo, mis compañeros me temen. Juego para ganar. Soy así desde niño. Soy el típico Puyol. ¿Se acuerda de que rompió una vez un cristal? Yo voy a tope. No soy de los que rompen la pala, pero casi.

Comienza hablando de un viejo compañero y termina hablando de la familia y su pasión por la competitividad. Entre una cosa y otra aparece siempre la misma idea, el compromiso. El que tuvo con el Sevilla, hasta el punto de acostumbrarse a convivir con el dolor, y el que hoy vuelca en los suyos. Nunca buscó ser el protagonista. Prefirió ser el compañero en el que todos podían confiar. Una forma de vivir. Y también de ser. Es Daniel Carriço.

LO QUE ME MUEVE

Durante muchos años, el fútbol marcó el ritmo de la vida de Carriço. Entrenamientos, viajes, concentraciones y una exigencia permanente que le obligó a perderse muchos momentos en casa. Ahora podría dedicarse a entrenar. Tiene el título. Pero prefiere esperar. Cree que hay etapas que solo pasan una vez y siente que ahora le toca recuperar ese tiempo. Habla de la familia con la misma naturalidad con la que antes hablaba del vestuario. Durante años estuvo comprometido con un escudo. Hoy ese compromiso tiene otro destino. Y no le cuesta reconocer que, esta vez, no piensa llegar tarde.

Fuente original: www.sport.es →