El pasado verano del 2025, las ventas de Alexander Sorloth y Thierno Barry dejaron al Villarreal CF algo huérfano de efectivos en ataque. Con solo Gerard Moreno y Ayoze Pérez, dos delanteros de enorme calidad y gol pero que sufren muchas pequeñas lesiones a lo largo de las campañas, la dirección deportiva que lideran el consejero delegado, Fernando Roig Negueroles, y el director de fútbol, Miguel Ángel Tena, peinaron el mercado internacional en busca de dos refuerzos que apuntalaran la parcela ofensiva grogueta.
El objetivo era cubrir dichas dos plazas con un atacante más físico y potente, apostando por el canadiense Tani Oluwaseyi, y el otro perfil era el de un ‘9’ goleador, un futbolista de primer nivel, un delantero que marcara diferencias, y la apuesta fue la del franco-georgiano George Mikautadze, por el que se abonaron 30 millones de euros al Olympique de Lyon, convirtiéndose en el fichaje mas caro de la historia del Submarino. Un golpe de mercado por un crack así.
Nacido en Lyon (31-10-2000) pero internacional por Georgia dados sus orígenes, el atacante de 25 años encandiló a los dirigentes deportivos amarillos con sus goles en el Olympique de Lyon en el ejercicio 2024/25, anotando 17 goles en 47 partidos oficiales, 4 de ellos en Europa League.
Pero no solo su nivel anotador fue lo que decantó a los responsables del Submarino, sino por su astucia, movilidad, inteligencia táctica, desmarques y visión para el pase final. De hecho, en dicha campaña 24/25 dio 11 asistencias.
Como Butragueño y Villa
Fiel reflejo de ello fueron las declaraciones de Roig Negueroles en relación a Mikautadze el pasado 11 de septiembre, día en que se presentaron de forma conjunta al georgiano, a Oluwaseyi, Manor Solomon y al guardameta Arnau Tenas. «Georges es un delantero que va a enamorar a nuestra gente. Es callejero. Tiene cosas de Villa y Butragueño. Seguro que nos da muchas alegrías. Es un fantástico atacante», dijo el consejero delegado de la entidad amarilla.
Expectativa alta, inicio duro
Dado el coste de su fichaje, una cifra prohibitiva para un club de los no considerados top mundial, el listó y la expectativa en torno al georgiano era sin duda, muy alta. Pero los comienzos no fueron fáciles para el ariete.
Acostumbrado a ser un referente e incluso el principal crack en sus equipos, en el Villarreal tenía que ganarse un hueco en un equipo confeccionado para la Champions League y con delanteros internacionales como los citados Gerard Moreno, Ayoze Pérez e incluso Nicolas Pepe, en muchas ocasiones ubicado como delantero.
El feeling con Marcelino, entrenador del Submarino, tampoco fue el mejor en un primer momento, con alguna sustitución al descanso y una falta de adaptación, tanto a España como al idioma, que fue reconocido por el propio futbolista.
Dos goles en los tres primeros meses de competición era un bagaje pobre para la inversión realizada y el nivel del futbolista. Pero Mika nunca bajó los brazos.
El salto definitivo
Sin hacer ruido y apelando a su profesionalismo, Mikautadze respondió con trabajo, y mejora tanto en la toma de decisiones. Fruto de ello hay que constatar que, desde el mes de diciembre, el georgiano ha encontrado su mejor versión. Ya es el segundo máximo goleador del Submarino en LaLiga, con 8, y segundo en pases de gol, con 4 asistencias, en los 21 encuentros ligueros que ha disputado. A su vez, totaliza 10 goles (4 asistencias) en 31 partidos oficiales.
Lección aprendida
Una temporada que le está enseñando algo que a veces se olvida en el mercado: el rendimiento no siempre llega de inmediato. Hay fichajes que caen de pie y se estrenan a lo grande, y otros necesitan el contexto, la confianza y la regularidad. El georgiano parece pertenecer al segundo grupo.
Ya nadie oculta que, con el paso de las jornadas, Mikautadze ha pasado de ser un fichaje ilusionante a ser un futbolista que condiciona al rival. Ya no es solo el nuevo, es el delantero al que hay que vigilar cuando el Villarreal llega al área, el que fija centrales para que aparezcan los extremos, el que ofrece una salida cuando el equipo sufre y necesita respirar a través de un apoyo, el que se desmarca con astucia, el que desaparece para aparecer sorprendiendo... y el que es capaz de inventarse jugadas de Butragueño, dar pases de gol inverosímiles y, sí, definir a lo David Villa.
Y es aquí cuando la apuesta del club cobra sentido: el Villarreal no pagó por un jugador para tres meses, sino por un delantero para varias temporadas. El primer tramo sirvió para aprender LaLiga; el segundo, para comenzar a dominarla y volar alto.